Los dijes del armario

Vuleven las tierras extrañas del pasado, un tiempo combinado con hechos de muerte y despedidas y, con la presencia de un hombre que alguna vez amé. 

Observé sus ojos, sus rostro, escuché atenta su voz y me dije a mí misma, sí que es su voz y esto es lo que me provoca cuando la escucho. Sé que me ha buscado, ha rondado por mi vida estos últimos días de próxima soledad. En un viaje anterior, recuerdo, estábamos en una casa vieja con arcos de color rojo, ahí también me persiguió. Me oculté de él, le bloquee la puerta, las ventanas y entré a un cuarto con un pequeño y curioso armario de madera. No sé por qué me dio tanta curiosidad ya que, una vez que aseguré estar sola, abrí sus puertas. Adentro, había un gancho del que colgaban dos dijes largos y rectangulares, tenían un vidrio incrustado de color verde y rojo, respectivamente y, encima un pequeño espejo. Eran de esas reliquias que tienen función de llave, con magia obviamente. Me acerqué a observarlos, y como si hubera caído en una ilusión, las puertas del armario ya no eran puertas, eran dos telas rojas de una chaqueta de terciopelo que se abría. El hueco del armario ya no era un espacio oscuro y vacío con tubos metalicos ni ganchos, era el torso de este hombre, su abdomen, desnudo, cubierto únicamente con esa chaqueta roja de terciopelo. Entonces, ya no acercaba mis mejillas a un armario, me acercaba a su pecho como queriendo escuchar su corazón a pocos centímetros. Las piezas se aproximaron a mi, como si en algún bolsillo de mi camisa tuviera un imán que las atrajera; titubee. No tenía idea de cómo estaba sucediendo eso, el único metal era la cadena y era el centro de las piezas las que, atraídas hacía mí se alejaban cada vez más de su origen y venían como queriendo ser mías. Parpadee dos veces y de nuevo apareció el armario, vacío, empolvado y crepitando. 

Nunca comprendí lo que sucedió ese día, pero sé que los dijes los tengo por ahí guardados porque en algún momento fueron regalos. Por supuesto que no están en esta realidad física, están en ese otro mundo que se construye y que, de vez en cuando, los amantes visitamos. Ahora sé que esos dijes le pertenecieron a él aunque hayan sido regalos, que con ellos él me encuentra y yo pues... Él sabe que yo siempre, ese tipo de magia adoré.

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