Viajes de lluvia

 Muchos viajes distorcionados y después de muchos días de calor mortífero, vuelvo con el viento y la nube que cubre el sol. Advierte lluvia, lo cual es un gran honor recibirla, pero el color, el color gris que regala no atrae sentimientos agradables, pues me provoca viajes verdaderamente extraños, como el estar recostada en cama observando como se quiebra a la mitad el techo del cuarto. El agua comienza a filtrarse por la pared, se caen los pedazos de techo. Sufro cuando veo mi hogar frágil y convertirse en escombros, pedazos podridos o polvo. 

Luego vuelvo a mi hogar del valle, la familia se va a trabajar y yo me quedo sola, de la puerta entre abierta entran dos extraños con la excusa de arreglar la moto del pequeño. No te conociamos, pero sabíamos que existías, me dicen, mientras quitan la llave de la puerta. Desconcertada y temerosa, desconfío, pero pienso que debo mostrarme fuerte porque si es verdad lo que dicen, estaré sola con ellos un par de horas. Me asomo al patio y veo al fox terrier y al negro caballero, ambos canes tirados y encerrados en ese espacio desagradable. El fox come de un plato que tiene un hoyo negro, el mismo que tiene pegado en un costado de su rostro con esto el can me quiere decir algo. Vuelvo con los hombres, continúo preguntándome por que mi familia ha otorgado tanta confianza a extraños. Un hombre me habla, confundida, observo el camino que mis familiares han construido sin mi.  Y el temor queda latente.

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