El fuego habla

Me he dado cuenta de que muchas veces estoy ensimismada y tomas mi mano para distraerme de mis pensamientos, no sabes cuanto lo agradezco.

¿Y, qué pienso? Muchas cosas, cosas banales, sin sentido y, muchas otras veces son caprichos. Caprichos que llevo al incinerador de mi interior donde borro evidencia de todo por lo cual mi mente divaga; pero pasa que termina perdiéndose en el gran laberinto y mi cuerpo se queda las emociones que solo el fuego sabe elevarlas. 

Desde hace tiempo que el fuego me gobierna, ahora estoy aprendiendo a conocer la reacción, a no quemarme y a no dañar a quienes me acompañan. Nunca supe en qué momento el fuego se pegó tanto a mí. Tal vez fue todas las veces que miré con fervor su danza en las fogatas, cuando descubrí todas las injusticias en las que estaba, cuando me sentí perdida o cuando me entregué  completa al amor. El fuego fue testigo reflejándose en mis ojos y habitando por siempre en ellos. 

Hoy ese fuego es símbolo de cualquier movimiento con llama baja que da confort y también movimiento de verdadero terror. Soy más que una palabra con sentido estricto, soy mucho más compleja, soy inestable terror. Cualquier momento que altere altamente mi estado lo llevará a un extremo contrario. 

Soy impulsiva e impredecible. Sensible a las palabras, juego con ellas, me puedes encontrar tergiversando con ellas ¿y, el motivo? las incongruencias, ahí es cuando llega el fuego, abraza mi pecho, gobierna mi boca y mis dedos. 


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