Ella

En la franja de una tierra sin nombre se observa una mujer, observa el horizonte conteniendo un gran poder. Sus pies son de arena y cristal que se expande hasta sus rodillas, la piel incrustada de microscópicos caracoles se extiende por todo su ser. Su mano izquierda está rodeada de agua y en su mano derecha corre el viento. Dentro de su abdomen arde un fuego que, solo en completa oscuridad puede verse la luz traspasar su piel. Su cabello se alarga y se acorta según su temperamento, pero también dependiendo del alcance que quiere su poder. Camina por la orilla en la oscuridad, se dedica a escuchar. Observa siempre la franja de esta extraña tierra, el límite de mundos, como la profundidad del tártaro. Es la línea, una membrana, el máximo portal de este mundo cuyo vínculo está con ella. Ella es la hechicera de este espacio, a través del portal conoce la naturaleza de otros mundos con diferentes leyes, diferentes nombres y diferentes formas del tiempo. La ley siempre es sutil y a veces, desaparece. No es un estatuto, es lo que es, cada lugar tiene su ley y su nombre y ella tiene el poder de descubrirlos. 


Este horizonte tiene un mar, en la está ella con los pies en el agua, pero también otra mujer y un hombre que juegan, se corretean y disfrutan del lugar; el mar tiene diferentes profundidades y las dos personas bajan, nadan, suben y vuelven a bajar, Ella percibe algo extraño en ese horizonte, se queda quieta, escuchando y sintiendo las ondas del agua en sus tobillos.Su vista está al frente del mar, voltea a la izquierda y ve una montaña, voltea a la derecha y hay otra montaña, observa al frente y hay un delfin asomarse. El delfin se da cuenta que ella ha logrado percibirlo, intenta acercarse, pero la poca porfundidad se lo impide. Ella también intenta acercarse, pero siente miedo, piensa que quizá si busca sus ojos se puedan comunicar y transmitir seguridad. Comienza a dar pasos a la profundidad, pero pocos porque el delfin ya había avanzado bastante. Se encuentran. Es un delfin enorme de color negro y rojo, sus acompañantes había detenido el juego y se quedaron impresionados observando la escena desde lejos, temían por la respuesta del animal, pero ella con tan solo buscar su ojo izquierdo, grande, magnífico, transmitieron sus esencias, percibió la bondad en el, se acercó y con sus dos manos al frente buscó contacto. El miedo se disipó por completo, la ansidedad se esfumó y se quedó con una inmensa calma, pues fue valiente para acercarse a ese gran ser y conocer su alma. 

Ella volvió a la franja sin permanecer, el viaje había terminado y resaltó una duda en su interior: ¿cuál es su propósito de viajar?

  

Comentarios

Entradas populares