El fantasma
Estoy aquí sin poder saciar este sentimiento. Llevo días con esto, no puedo quitármelo. Está en todas mis células. En mi piel, en mis vellos, mi cabello, en mi estómago, en mi garganta, en mis mejillas, en mis labios, en mi nariz, en mis ojos, en las lágrimas de mis ojos, en mi frente, está todo tu recuerdo.
Le escribo a tu fantasma que ronda en mi cuarto cada vez que me siento perdida. El que está viéndome, esperando que despierte, que lo vea, que le hable. Está aquí y por más que le diga que se vaya no lo hace. Por más que le digo todo lo que me has dicho, que no quieres un futuro conmigo, que no quieres saber de mí, que no quieres hablarme, no se va, no se va y yo estoy cansada de llorarte, de recordarte. Está presente en todo lo bueno y todo lo malo de mi vida actual. Me recuerda tu ausencia el café, el que me servías cuando abría los ojos para despertarme. La repetida llamada de que me levante, de que sea activa, que no me arrastre. En la cocina tu fantasma se pega a mi hombro, me mira, invisible, -traigo de nuevo su rostro-. El pan francés, el huevo, las quesadillas, las verduras que amas, de esto y de ti me alimento. Salgo a la calle y pienso que es la única trinchera donde hay extraños, todo es movible, por lo menos me mantiene distraída. Llega de pronto, encapsula todas mis ganas de escribir, de bailar, de llorar, de correr, de treparse al techo y ahí, en lo profundo, el fantasma me grita:
- ¿Por qué sigues aquí si no te gusta?
- Porque soy productiva-, le respondo.
-Me sorprende cómo son tan importantes las cosas materiales para ti, como si tu valor dependiera de tu profesión o de la cantidad de dinero que generas.
Silencio. Tu fantasma me acompaña de todos modos. Viene a mi cada recuerdo, cada plática, porque no fueron simples, fueron dudas de la vida, de la existencia. Eso eres tú, un mar de dudas existenciales y yo tu vasalla respondiendo cada una mientras permito que me lleven todas a un terrible vacío.
Sé que lo sabes, sé que sabes todo, pero finjo que no y, te escribo cosas y me lees y, que sigues aquí conmigo porque... No encuentro ningún otro alivio. Necesito decirte que te extraño muchísimo.
V.
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