Primera lluvia del año
Pude descifrar algo mientras caía la primera lluvia del año en el continente del Pacífico. Bueno, así quiero llamarlo, que descubrí un gran vínculo, de la tierra conmigo. Y es que, me he dado cuenta lo susceptible que soy con las lluvias, me cargan de esperanza, sí, pero antes me llenan de nostalgia. El día gris se llena en mi interior y mi mente se vuelve nubosa y tormentosa.
Esta madrugada no fue excepción, sí, volví a llorar, no por la lluvia, sino porque es la única expresión que drena mis duros pensamientos por inexistentes deseos. Él me habría dicho en el pasado -te la pasas llorando y así no puedo contigo-, pero como ya no está, no me dijo nada. En cambio, la tormenta de hoy sí me habló,
me dijo que soy como ella,
que mis lágrimas son como las suyas,
que el retumbar de los truenos son las punzadas en mi cabeza golpeando por dentro mi cráneo a causa de mis pensamientos,
envueltos entre la presión y el viento,
que las descargas son las raíces profundas de mis frustraciones y se extienden por mi mente en múltiples direcciones,
que el frío con el tiempo y desbordamiento ser irá deteniendo.
Pero dime, ¿quién no desea la lluvia? Pues ella purifica, remueve elementos, llega a quien la necesita… Tal vez deba llorar sobre varias macetas.
La energía se calma, aunque tarde o temprano, vuelve. Me pregunto si la tierra estará tan cansada como yo de tanto desbordamiento. Amanezco con los recuerdos del místico encuentro, con sueño y con los párpados de globo como si el agua se hubiera filtrado en ellos, ojalá que brote una semilla. Me quedo con la idea de que fui una con el viento, con el agua y los truenos. Con eso me quedo.
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