Larga despedida
28 de mayo, 2025
E,
Ha pasado un mes exacto desde que terminamos.
Escribo esta carta con el corazón roto. Ojalá entendieras que la decisión de estar juntos fue de ambos, que no es culpa mía que siguieras conmigo aunque no estabas seguro, ojalá puedas encontrar paz con la relación de pareja que tuviste conmigo y dejes de culparme. Aunque sé que mucho de lo que viviste no fue percibido igual, yo puedo decirte con seguridad que contigo amé como jamás he amado.
Hace un par de años para acá no mostré ser la más cuerda y tuve muchos ataques de ansiedad e ira. Releí tu última carta que no recordaba que existía, pero hasta hoy te contesto lo que debió ser correcto: no es que no haya querido escuchar, simplemente no cabía en mí la posibilidad, fui en decadencia desde que sufrí el abuso, afectó mucho mi forma de ver la vida, además de los acuerdos rotos sin justificación, perdí la confianza en todo, hasta en mí misma. Aunque justo ahí también buscaste desde el amor remediar los daños, levantarme y sacarme adelante en compañía de las abejas. Ahora con la constancia de la ayuda psicológica he comprendido mejor las cosas, soy más consciente de la persona que fui contigo. Sigo patrones de un trastorno con conductas agresivas para mí y para la red cercana. Te idealicé mucho y también me abandoné tanto que generé daños y confusión. No vale la pena decir qué contextos o momentos fueron, porque ya se dijo todo, lo último que me queda decir es que lamento esas veces que yo te hice daño y no pude remediarlo.
Sé que ahora estás mejor y yo también pronto lo estaré. Ya está pasando todo.
Te sigo queriendo mucho, pero requeriré tiempo para hacer este cierre con perdón y aceptación de que el amor que te tengo trascenderá en algún momento. Todo aquello que me has regalado está en mi corazón, pero quiero que sepas que, los cuentos de Úrsula serán siempre mi luz y en ella estarás tú. "... Y sus manos irradiaron una luz blanquísima que se quebró, como las olas del mar que se quiebran al sol, contra los mil diamantes de los muros y la bóveda del techo: un esplendor luminoso por el que los dos echaron a correr, cruzando en línea recta la gran caverna, mientras sus propias sombras se precipitaban hacia las tracerías blancas, las grietas centelleantes y la fosa abierta y vacía." Las tumbas de Atuan. U.K.L.
Sinceramente deseo que encuentres todo lo que buscas y que seas muy, muy felíz.
Con todo mi amor, Vane.
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21 de julio, 2025
E,
Te escribo esta carta con el corazón apachurrado. No dejo de ser dramática en mis escritos, pero ¡cuánto sentimiento hay que no me arrepiento!, encuentro en ellos la esencia por más que pase el tiempo.
Hoy te escribo porque te volví a ver, me pareció muy extraño nuestro encuentro. Siento como si estuviera congelada de sentimientos, fría en el amor que te tuve. Estoy sorprendida por dejar correr el tiempo, hablar de lo que nos ha pasado en estos días, pero sin decirnos ninguna palabra hacia nuestras almas heridas. No, de eso no se trata el amor. No sé qué fue lo que pasó.
Estaba casi segura de que querías verme para reclamarme, estaba preparada para ser lo más dura como un caparazón y no recibir ningún rasguño de tu parte... No pasó. Mi armadura quedó intacta. Me encerré para evitar sacar el dolor, simplemente me dejé llevar y mientras escurría la plática, en esa otra dimensión, mi amor solo te contemplaba. Tus pequeñas orejas, las arrugas en tus párpados cuando la luz entra en tus ojos, tus pequeños labios asomándose entre los vellos de tu bigote castaño claro, tus pequeñas manos, en ese momento, carentes de sustancia que incite siquiera una caricia, pero bellas y cuánto las quise.
La verdad es que aún te amo mucho, pero el dolor que nos causamos fue motivo suficiente para no llamar tu esencia, aunque aún te mantengo como una figura celestial que siempre estuvo en espera por mí, ahora es una sombra callada y observadora a la cual le tengo mucho miedo porque es aquella esencia calculadora en el sufrimiento y ahora, me muestra la espalda llena de resentimiento.
Ahora está carente mi amor en la materia para decirte que vuelvas, porque si vuelves, no será porque tú quieras. No vuelves porque eso es lo que en verdad quieres.
Te escribo esta carta para saber si algún día decides también irte de mi cuerpo, de mi mente y de mi alma. ¿Cuándo y cómo lo sabré? ¿cuando al leer esta carta dejará de dolerme tanto?
Con todo el amor, VOR
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1 de agosto, 2025
E,
Ayer hice el amor con otro hombre. No sabía cuáles eran las verdaderas reglas para las relaciones abiertas, nunca supe si cosas como éstas podía decírtelas abiertamente. Igual no importa, ya no somos.
Y no debe importarte quién fue ni cómo fue, pero debo decir que en cada beso, caricia y placer que yo daba, iba en busca tu cuerpo, hasta allá, bien lejos. Y cada placer que sentía, te recordaba eterno, porque los besos y las caricias que recibí sí fueron de él, pero ese lugar al que fui cada que un orgasmo me alcanzaba, esa cima y ese aliento para que yo acabara, eras tú, tú a quien yo deseaba.
¿Cuando?
¿Cuando todo esto se acaba?
Con todo mi deseo, VOR.
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3 de agosto, 2025
E,
Hoy volvimos a hablar.
Asumo que al igual que yo, querías saber un poco de mí. Me preguntaste cómo estaba y no pude evitar decir todo lo que siento hasta hacer que la llamada durara hora y media. Bien pude haberte dicho bien ¿y tú? Y quizá ahí se acabaría o alentarías a que continuara la llamada, tan solo unos minutos más.
Yo decidí que continuaría tanto así para decirte que te extraño, que el vernos me causó ansiedad y no podía procesarlo. Que te quiero, que me aún me cuesta trabajo soltarte porque imaginé un futuro juntxs, con familia, por supuesto. -¿Por qué tú no has dicho nada desde que terminamos?, te pregunté. Me quedé con lo más sensato: -quiero darle vuelta a la página-, me dijiste.
Bien por ti, cuando te pregunté cómo lo hacías, no me pareció nada diferente a como yo lo hago, es cuestión de fuerza, quizá... Es cuestión de decisión, me dirías.
Claro, aún tengo esa pequeña esperanza de que volvamos, más cuando me hablas con acento yucateco, cuando me dices ne', cuando me arremedas con cariño. Todo eso siempre fue confuso para mí, me decías que no querías una relación de pareja, pero cuántas veces no me diste los abrazos más cálidos que en la vida he sentido o me dabas atención para que estuviera cómoda en tu casa o en tu cama o cuando me buscabas diario para planear la vida.
Así fue que te quise tanto, confundida, dopada de amor. Así funcionaba nuestro lenguaje de amor y me dio tanta risa identificarlo en nuestra charla hoy, me reí porque estaba en un lugar seguro al darme cuenta de que si volvemos, no cambiaríamos. Tú seguirías pensando que yo te robo tu alegría y yo, que en verdad me amas.
Con todo mi amor, VOR.
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8 de diciembre, 2025
Querido E.,
El tiempo contigo para mi representó colocar los pies en la tierra y comenzar a caminar con seguridad y la mirada al frente. Aprendí que el amor viene de la esencia de unx, pero también de lo que vamos recolectando en los caminos. Que cada límite es una bandera anunciando un derecho. Que el estar es solo un pequeño momento. Que se pierde un lenguaje, pero se mantiene el símbolo y que la ternura en algún punto trasciende.
E, siempre.
VOR.
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19 de enero, 2026
Nos volvimos a ver. Viajé a Mérida para verte y recoger mis cosas de tu casa. Te escribí días antes para confirmar, -¿tienes donde quedarte?-. -Sí, gracias-. El día que nos vimos, llegó el primero de los últimos abrazos, fuiste un poco indiferente y lo acepté. Me dijiste que, si ocupaba algo te buscara en tu cuarto, lo hice diez minutos después, abrí la puerta y noté el vacío, ya no era el cuarto donde dormíamos, ahora solo era el cuarto de trabajo con una mesa y una silla. Enseguida pensé que no iba a conocer tu espacio íntimo nunca más. Te busqué para que me ayudaras, pero también para invitarte un café, sabía que aceptarías. Fuimos al apapacho, -la última vez que vine fue contigo-, me dijiste. Cenamos, te platiqué toda mi vida en una hora y tú apenas hablaste, solo lo hacías para hacerme pregunta tras pregunta y yo, vasalla, respondiéndote una a una. -Órale, me da mucho gusto todo lo que has conocido-, me dijiste. Cuando te conté de haber visto los gigantes que provocaron un sismo y el desprecio de mi roomie, me dijiste -Pff, no saben, no lo entienden-, y yo quise llorar de alegría porque era justo lo que había pensado desde el primero momento y sabía quien si podía entenderme, tú. Fue todo lo que pudiste decirme y me sentí una tonta porque otra vez llegaba el vacío en el estómago. Insististe en que te prestara el libro que me regalaste para vernos otro día y luché, luché con todas mis fuerzas para no buscarte durante esos cinco días que estuve allá. Al penúltimo, me escribiste. Yo ya no tenía la fuerza porque había aprovechado toda al creer que ya no nos veríamos, además, había tenido una pelea con alguien que en ese momento quería mucho, recuerdo que enseguida notaste mi enojo y con un perfecto conocimiento sobre mí, amé la forma en cómo me hablaste, -¿ahora por qué vienes toda enojada?-, sentí que quedé al descubierto y con la boca abierta de lo sorprendida que estaba, suspiré profundo y exhalando dije, -disculpa, no te lo tomes personal, es que, estoy molesta por algo que me acaba de pasar-. Sí, había terminado con una relación el último día que te vi. Pienso que este último día no debió ser porque realmente estaba en un mal momento, pero al final de todo, fue una despedida muy calmada. Al tomar el coche e irme por la misma ruta de siempre, de centro a Caucel, de tu casa a la mía, apareció el mismo nudo en la garganta de siempre, como todas las veces de esas peleas, los mismos llantos, los mismos gritos en el coche, me estacioné y grité con todas mis fuerzas porque sabía que esta sí sería la última vez y no sabía cómo chingados iba a continuar mi vida después de ti. Sigo sin saberlo, pero tomé el avión, regresé a casa, y en las escaleras mi mamá me preguntó cómo estaba y de mi garganta no salió nada más que un llanto abismal. Ella me abrazó muy fuerte, no quería soltarme y al final, también soltó algunas lagrima. -Ay, muñequita, ya verás que encontrarás a alguien que esté a tu lado-. Lloré hasta dormirme.
Me has dicho innumerables veces, incluso en mis sueños, que ya te suelte, pero he sido muy terca, estúpidamente aferrada a amarte un chingo, pero después de ese abrazo con mi madre, supe que en realidad había acabado todo.
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25 de marzo, 2026
Ya ha pasado tiempo, estos meses han sido realmente muy solitarios y solo pienso que deseo volver a esos momentos hermosos donde me dabas el amor más bello que solo tú sabes dar. Era genuino, puro y completo. Eran, no uno, veinte besitos espontáneos, en cualquier momento, en cualquier lugar. Y mi cuerpo respondía enseguida al tuyo como si supiera tu próxima movida, caricia o abrazo inmensamente cálido y duradero. Que comprendías cuando hacía un gesto igual, lo recibías con más y más amor. Te extraño, extraño ser la mujer que querías tener en tu casa, ahora me pregunto quién está. No me reemplazaste, solo fui una persona que llegó a una etapa de tu vida que ya terminó. ¿Y por qué yo no puedo terminar contigo? Me trato de convencer que algún día volveré a Mérida, iré a tu dirección, tocaré la puerta y te diré ya volví, y me ilusiono que volveremos como antes y tú me dices, adelante. Pienso eso porque me fui con esa idea, yo fui la que te dejó con las abejas solo, con mi mudanza solo, con tu casa llena de mis cosas para generarte la nostalgia más extrema todos los dias. Por supuesto que tenías que cerrar la puerta. De ambos, tú fuiste el más resistente, sobre todo, el más inteligente. Y yo solo trataba de salir de lo estancada que me sentía porque no me encontraba, pero esa no es una historia nueva. Aquí y allá siempre estuve perdida y sentía que no pertenecía a nada, ni a ti, por eso me fui. Tú en cambio, tienes todo en tan poco, que realmente es todo. Cerrar la puerta fue la receta que te prescribiste y en ello conseguiste a una dama con la cual ahora eres muy feliz. Seguro tienen muchas más cosas en común que las que yo tuve contigo. Me alegra mucho por ti, pero me siento triste, por no ser yo esa persona elegida.
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7 de julio, 2026
E,
Sueño mucho contigo, pero éste en particular, quisiera escribirlo. Veía un par de paisajes que me hacían recordarte y, me daban ganas de escribirte una carta que sabía, nunca leerás. En uno de esos paisajes estaba con Jared y Kenia, pero claramente era la sierra de Santa Catarina, nuestro último viaje juntos, ¿te acuerdas?, ellxs querían salir a correr como si el paisaje fuera parte de lo cotidiano. Pasaban las bicis y las motos por los senderos conocidos, como aquella vez. Disfrutaba de su compañía, pero en mi mente solo pensaba en hacerte una carta sobre esto.
Llegábamos a una tipo escuela, Jared abría la puerta de un salón donde vivía una señora y sus dos hijas, él se disculpaba por haberlas asustado y apenado, cerró la puerta, pero las tres estaban muertas de miedo. Al percatarme, quise ofrecerles más seguridad cerrándoles la malla anticiclónica y una reja metálica, pero pensaba que solo las había intimidado más. Entonces, por alguna razón estabas en esa escuela y coincidíamos de nuevo, salías con una mujer que tenía una niña, te veías viejo y aburrido. Me regalabas un manojo de espinaca que aceptaba con gusto y me contabas el cómo, con un pato que se llena de agua, decidían tú y la niña a quien regalarle cosas del huerto, me parecía aburrido, pero reconocía tu esfuerzo de ser divertido para ella, siempre te costó trabajo congeniar con las infancias, y sé por qué. Veía tu forma de interactuar con ella, quien, pensaba, era ahora tu hijastra y me parecía curioso cómo habías llegado ahí. Me sorprendía el inmenso aburrimiento que expresabas de tu vida. Te quedabas a dormir con ellas en lo que ahora era la casa de mis padres, yo intentaba hacerte la carta para aprovechar dartela. Escribía en una laptop, queriendo encontrar un espacio, pero estabas con ellas buscando donde estar y yo temía que vieras lo que escribía. Me desesperaba y me salía, a perderme y alejarme, quizá de todo lo que me provocabas. De repente ya eran las dos de la mañana y sentía miedo, pero me alegraba de haber llegado a la casa. Buscaba mis llaves y veía al vecino con su familia en su carro, les decía buenos días y el vecino se aproximaba de forma temeraria, quería decirme que me ayudaba a abrir con una intención rara de acercarse. Hacía ruido y yo hacía el gesto de silencio con la mano. A su espalda veía que Paprika corría, se había escapado y estaba acelerada por querer entrar, pensaba que me encargaría de ella después, solo quería entrar y sentirme segura. Me dirigía hacia la puerta y tú estabas ahí, del otro lado de la ventana,
viéndome, viendo hacia afuera. Estabas sentado, sin camisa, con tu hermoso pelo chino largo, tenias la mano en uno de tus pecho, tocándote sensualmente mientras me veías desde arriba y yo, queriendo disimular indiferencia, volteaba a ver si al vecino si se había ido. Interactuaba con él para ver si podía provocarte celos y despistarte de lo estúpida que me sentía estando afuera, yo solo quería entrar a mi casa, donde tú estabas. Hasta ahí quedó el sueño y si te queda la duda de lo que decía la carta, pues, verás que sí pude recordarla e iba masomenos así:
"E,
¿Cómo estás? Quiero contarte sobre la extraña situación que paso cada vez que veo paisajes muy hermosos, porque pienso que seguramente a ti también te gustaría mucho verlos. Los guardo en mi mente como si algún día pueda verte pada regalártelos. Como si a través de mis ojos pudieras observarlos y sentir esa calma que llena mi pecho cada vez que estoy ahí. Me pregunto si de eso se trata estar enredada a alguien. De la nada apareciste y estás frente a mí, de sorpresa eres otro, más viejo, aburrido y sin chispa. Y logro comprender que ha pasado el tiempo y que en ese recorrido se perdió algo de vida al separarnos, que el tiempo hizo lo mismo con ambos, que se perdió un brillo vital en nuestras vidas, que algo realmente hermoso murió."
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