Carta a Oriana
28.08.26
Querida Oriana,
Te he leído y me he quedado sorprendida al entenderte tan rápidamente. Siempre elocuente, graciosa y filosa en la crítica de cada persona con la que hablaste, pero existe tanta distancia entre lo que piensas y lo que sientes, que es difícil saber quien realmente eres. Debo admitir que me molesta un poco esa maña tuya de complacer a las personas con tu escucha de doble moral. Parece ser que siempre te encantó elaborar esa metódica escitura en la que no hacía falta ser directa para entender que detrás estaba el juicio. Aunque, te comprendo, en tu época solo los hombres tenían la palabra y la única forma de que te aceptaran, era escuchándolos y luego escribir sobre ellos, pero con la siempre acompañada burla sobre los dioses que se hacían creer, cuando en realidad, solo eran hombres. Sin embargo, creo que esa costumbre de escribir sobre los hombres, se volvió una obsesión tan tuya, que tiempo después llegaste a convertirla en diversas, grandes, pero fastidiosas novelas.
No fue difícil saber de tu gran inteligencia, naciste para describir el mundo y sus símbolos en el famoso camino del periodismo. Sabes, jamás me había acercado a ese oficio hasta ahora, no solo por ti. En mi último trabajo fui testigo de la gran cercanía que tiene el periodismo con la política, parecen dos copias del mismo producto y yo veo que tú, tan mística, te encargaste de transitar en ambos, manteniendo cerca esa cuerda que te transportaba entre uno y el otro, te balanceabas como queriendo ser y no ser. Estos años he observado ese gran ensamblaje entre lo que hacen en la política, lo que quieren que se diga que hacen y lo que se queda por siempre en silencio de lo que hacen. Tú siempre estuviste ahí, moviéndote como pez en el agua, conociendo las artimañas y sabiendo qué decir sin que percibieran tu pluma afilada. Una mujer encubierta, una reconocida mujer periodista que se mueve en la política. ¡Vaya!, que admiración te tengo y serás la única a la que admiro en ese sector, porque lo que a ti te parecía fascinante a mi solo me parece mentiras. chantaje y un camino fácil de llegar a la muerte. Sabrás que ahora, quien desea ser ahora periodista se tiene en la mira para fusilar. Se acepta en el círculo, pero su vida está contada para terminar fusilado o desaparecido si evidencia lo que un político o empresario quiere que se quede en silencio.
En cierto modo pienso que era algo que él envidiaba de tu persona, porque, aún compartiendo los mismos ideales, siguiendo el mismo camino de lucha, tú eras visible y estabas protegida, él no. Es curioso, pero algunas veces me sentí comprendida cuando describías la forma de pensar de él, incluso llegué a entender lo incomprendido que debió sentirse a tu lado. Es fácil asumir que te hayas preguntado qué habrá pensado él de tu obra; si te habría felicitado, odiado o si te habría amado... Yo creo que te habría amado, pero no tanto como a él mismo. También pienso que, te habría dicho por segunda vez que eres fantástica con la escritura, así como la primera vez, cuando se conocieron, que te dijo háblame más de mi y tú caíste enamorada por sentirte leída. Lo comprendiste al final, ¿no? Lo sé. Es común que en el duelo te enteras lo inmensamente enamorada que quedas de un hombre que solo habla de sí mismo, que sólo acepta su verdad como única verdad y que, solo te quería a su lado para escucharte hablar sobre él.
Oriana, a través de eso, he leído también tu dolor. La carta que nunca fue entregada fue leída por miles como yo, pero nunca por el destinatario. Un mensaje que se queda punzando en el corazón por mucho tiempo y, quizá, toda la vida. Hoy te escribo porque acabo de enterarme de la razón por la que el destinatario nunca llegó a leerte. Me siento terriblemente abrumada, primero, porque te juzgué y me siento muy mal por eso, creí que tu imprudencia había sido la responsable, como lo afirmaste en aquel momento. Comprendí la vida que estabas viviendo, lo dejé pasar y te seguí leyendo. Ahora que sé la verdadera razón, me han salido lágrimas, me he quedado atónita y un buen rato triste. Siento el doble de vergüenza por juzgarte previamente y más aún, siento una inmensa rabia y sigo preguntándome ¿por qué hiciste una novel sobre él? Me habría gustado estar ahí acompañándote en esa terrible pérdida, pero por lo que juzgo, no habrías querido. Habrías estado en ese cuarto aislada, escribiendo hasta terminar la carta, y yo, te prometo que habría estado en esa puerta, esperando a que la abrieras, porque hoy en día, las amigas así somos.
Sigo preguntándome si el resto de tu vida la pasaste en soledad porque ya habías perdido a los dos únicos seres que amabas. Luego me pregunto si la razón por la que te comprendo tanto es porque estoy viviendo el mismo proceso. Desde el estructurado encuentro, la gigante admiración hacia él, el aliento para que continúe con sus ideales mientras caminas a su lado, la escritura sobre él, el amor entregado incluso en días de desacuerdo, el lenguaje que solo dos entienden, la complicidad, las distancias o, desde el momento en el que terminas entendiendo que no puedes seguir más con su juego, de las multiples veces que él perdió el camino y tú lo ayudabas a volver, y él se iba de nuevo, te llamaba y te decía ¿cuándo vienes? Y luego, ¿Cuándo vuelves?
Él solo quería que escribieras su historia, la historia de un simple hombre. Y tú cumpliste su último deseo, el último control que tenía sobre ti, ¿te habrás sentido aliviada? No sé si cumpliste tu objetivo con esa obra, si lo que querías era dejar en la historia el humillante y miserable proceso de un hombre en la política o, demostrar que amabas a ese pequeño hombre de la política. Nunca lo sabremos, pero es eso cuando digo que detesto tu forma de doble moral. En un rato hablabas de lo mucho que se amaban y en otro, el diálogo que refleja la locura de un hombre frente una mujer demasiado congruente y estoica. Pienso también otro escenario, que era tanta la vergüenza que sentías por él, que un poco de elogio combinado con resentimiento crearían una buena obra. De nuevo, nunca lo sabremos. Es posible que a él le convenía tenerte a su lado por lo brillante que eras y porque sabía que escribirías su historia, pero supongo que no se imaginaría que contarías hasta lo más doloroso de su existencia que alguna vez te confió.
Me temo que, seguiré leyéndote porque quedo con sed de saber más sobre lo que piensas. Hace poco le hablé de ti a un amigo, me dijo -Imagínate, qué tan buena escritora es, que tuviste que leerte dos de sus obras para saber la verdad. Eso es saber atrapar al lector-, y sí. Ahora quiero saber si te recuperaste, si pudiste encontrar de nuevo amor, si pudiste al fin olvidar ese pasado lleno de huidas al amor incomprendido y vueltas al único amor que te comprendía. Nunca lo sabremos.
Por ahora, termino esta carta impregnada de admiración y curiosidad. A la espera de que algún escrito tuyo me responda todo lo que hoy me quedo con duda.
Atentamente, VOR
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